Imagina a un ángel... la criatura perfecta creada por nuestro señor... con voz tan dulce como el sonido del mar... con ojos tan profundos como la inmensidad del universo... una piel tan suave como la seda y de tez blanca como la nieve pura... imagina esta perfecta figura en el mundo de los vivos... cayo en las manos frívolas y mortales de las drogas... se le antoja a veces que sus alas no le bastan para volar... que necesita de estas sustancias ostentosas para llegar hasta su padre. allá al cielo donde pertenece... camina entre nosotros con sus alas cortadas, vendidas a algún demonio con macabras intenciones por un poco de heroína...se cubre los ojos y el cabello para no ser despertar sospechas... camina cabizbajo... para pasar desapercibido... se siente agotado y abandonado de la gracia divina... aunque sigue siendo un ángel.. comienza a dudar de su valía... no tiene que alimentarse… No es humano... solo busca al momentáneo placer de volver allá al cielo para luego despertar de nuevo en el piso. Frustrado... algún día olvido el camino de vuelta, no lo recuerda... se resigna por momentos a un destierro terrenal... camina entre la gente y hasta se siente incluso inferior...a intentado quitarse la vida mil y un veces... pero olvida que es inmortal... la gente lo ignora por sus ropas desechas y pestilentes, aunque su piel tenga aroma de azucenas, es opacado por el irritable olor de sus trapos… no pide limosna ni habla con nadie… teme ser descubierto y juzgado… duerme en las calles, sobre cajas o papeles… vive en intensa soledad y tristeza… aunque su alma sigues siendo mas grande que el mundo mismo… tiene miedo a su padre, a ser juzgado por él… muestra en ocaciones compasión por sus semejantes callejeros, les consigue alimento, y les brinda calor en los momentos de sueño, cuando el asfalto suele estar frío…en las noche observa las estrellas con detenimiento, buscando en el horizonte la guía para volver… pero siempre cae en la desdicha de la tentación de encontrar la respuesta en su elixir adictivo… siempre abstraido en su pensamiento, no nota que alguien se acerca… eres tu… intentas ignorarlo, pero algo te llama la atención, siempre ta han dicho que no debes acercarte a ese tipo de gente, pero tienes un deseo irresponsable de tenderle una mano, de tratar de ayudarlo… pero las advertencias previas pueden mas que tu corazonada, y lo máximo que haces es ofrecer una moneda… y sigues tu camino y tu vida continua…como continua el exilio de nuestro angel…a dos palabras de encontrar la puerta... la ignoracia lo destierra una vez mas...
Tuesday, August 23, 2005
angel
Monday, August 01, 2005
Despecho de ciudad
En nuestro intermedio de mediodia a la hora de ir a comer, nosotros 5 estudiantes de ingenieria, reunidos en los mesones de la escuela.. comenzamos nuestra charla sobre nuestros detalles universitarios.. hasta que de pronto me atrevo a hacer un parentesis en la conversa para hablar sobre la mala suerte ultimamente del caraqueño.. "que esta sucediendo en mi ciudad, en donde hasta hace poco existia un agujero en la carretera cogiendo hacia la santa maria.. donde se quema uno de los iconos de nuestra metropolis como es la torre de parque central.. donde desde hace unos años ya se esta ceyendo el viaducto caracas-la guaira, y nadie hace nada.. donde desde hace unos años se desbordan quebradas, se caen los ranchos.... donde en 1999 se vino abajo el avila completo por cuestiones de las lluvias y de geologia estructural y mal urbanismo... donde un patrimonio mundial como la Universidad Central de Venezuela, esta en precarias condiciones.. donde ya es imposible pasar caminado por alguna calle y no ver un papel en el suelo.. donde los graffitis de ".... te amo".. ya no sirven si no para ensuciar paredes.. donde los millones que se gastaron en las campañas electorales anteriores ya solo sirven para engrosar la mugre en las paredes y en las calles.. donde los arboles ya no son seres vivientes si no sombrero de bolsas y hasta pipotes de basura.. donde el transito de peatones por las aceras se vuelve cada vez mas aventurado tratando de esquivar a la ploriferacion de buhoneros y comerciantes en cada rincon.. donde las alcantarillas son sinonimo de botes de basura... donde ya es preferible comprarse una bicicleta ante tal cantidad de colas bien sea por un mercado improvisado o por algun carro accidentado o simplemente es hora pico..donde se vuelve un infierno el metro a estas horas por la urgencia de llegar a su destino sin importar a quien se lleva por el medio.... es tan complicado intentar cuidar nuestro hogar?., es muy dificil tratar de no botar papeles en el piso?.. es imposible buscar alguna solucion a parte de mudar la capital a pto ordaz como es o era la intencion? tratar con alguno que otro urbanista buscar una viabilidad mejor diseñada?.. tan dificil es sembrar conciencia en la gente y los mismos dirigentes y evitar manchar o ensuciar nuestros muros?.. cuan dificil es dejar salir a la gente en la puerta del metro para agilisar el movimiento.. y que los operadores sean un poco considerados a ciertas horas y esperar algunos segundos mas por el ingreso de los usuarios?-es tan dificil diseñar un plan de mantenimiento a obras publicas para evitar su deterioro? - es tan dificil buscar alguna forma de trabajo que no sea estorbando en la via publica vendiendo verduras.. o en su defecto es tan dificil ubicar a estos trabajadores informales en algunlugar adecuado.. con reglas estrictas de urbanidad.. ?.. cuan dificil es querer a una ciudad..? cuan dificil es querer a tu hogar?... para muchos es mas facil quejarse y salir corriendo en las vacaciones.. cegarse en los centros comerciales llenos de luces donde los servicios abundan pero el arraigo agoniza.. los invito a subir al avila y parase en cualquier mirador.. veran una rosa en luto.. un hermosa flor que en su momento perfumaba pero ahora es carcomida por un cancer.. el cancer del caraqueño...
Tuesday, July 26, 2005
Sunday, July 10, 2005
Wednesday, June 22, 2005
MALDITA MENTIRA
QUE HACES CON UNA MENTIRA DESPUES DE 6 AÑOS DE SER REAL.....??????? Que puedes hacer de la verdad, despues que ya no esta... y te revelan el macabro teatro de la cruda realidad ante tus ojos.. como sacar tan agobiante dolor y cegarme con la felicidad de la mentira?.. como perdono ahora a la vida al saber que no eras una si no que eras dos... que no perdi a una si no a dos.... Maldita mentira.. te extraño mentira...
Saturday, June 11, 2005
Pena de muerte
Desde hace ya varios años, comentan que elevado sobre un campo estéril de piedras en forma de losas, un presidio se hace eco de la espera que hace un reo de su muerte. Nada de peculiar tiene este acontecimiento, salvo lo caprichosos que pueden llegar a ser en ocasiones los sentimientos.
El interno número 8.343 es un hombre joven, con apenas cuarenta años, de aspecto desaliñado y pelo completamente blanco, quizás debido a la angustiosa cita que tiene pendiente con una dama, una dama negra que arrancará con su voltaje su último aliento de vida. Sus ojos son tristes, tristes como el paisaje que se divisaba a través de los barrotes de acero de su celda. En su mano derecha sostiene un lápiz sucio y gastado por el continuo roce con las hojas.
En el pabellón de los reos, la jornada comienza a las siete y cuarto de la mañana, cuando una anciano funcionario de prisiones camina despertando uno por uno a todos condenados. Estos varían en número dependiendo de a cuántos de ellos el juez de instrucción haya decretado la ejecución de la pena capital en el día anterior. Mísera y breve es la vida en el pabellón de los condenados.
Hoy el anciano funcionario de prisiones no viene sólo, cerca ya su jubilación, le acompañía un joven heredero de su profesión, al que hace tesorero de los últimos y más mínimos detalles de su recién adquirida ocupación. Poco antes de llegar a la celda del interno mencionado, el anciano se detiene dirigiendo la mirada a su novel compañero.
-¿Ves esta celda vacía? -le pregunta retórica mente, dirigiendo el dedo índice sobre el frío metal de la puerta. El joven afirma vigorosamente, tembloroso, abriendo las pupilas como queriendo engullir con ellas la oscuridad de la celda.
-Aquí -continuó el anciano -no debes golpear estrepitosamente con la porra, como haces con los demás presos para despertarles, límite a llamar suavemente dos veces y espera.
Así lo hizo y al realizar el segundo tope observó cómo se deslizaba una carta por debajo de la puerta, la cogió y se la dio a quien hacía ahora de su maestro.
-¿Qué significa esto? -le interpelado al joven.
El anciano le hizo un gesto con la cabeza indicando que continuarán con el recorrido. Al llegar al final del pasillo junto a unas celdas vacías, le miró a los ojos.
-Me trasladaron a esta penitenciaría como funcionario hace un año y medio, cuando me instruyeron yo pregunté lo mismo, y no me dieron más respuesta que seguir las mismas instrucciones que yo te he dado. Ahora a punto de jubilarme, debo reconocer que intrigado leí algunas cartas y discretamente investigue su paradero. Según cuentan, el hombre que habita este calabozo fue condenado a muerte años atrás, la serie de hechos que rodeaban el juicio, así como lo complicado del mismo, hicieron que el pleito sé alargara más de lo habitual, sucesivas vistas y aplazamientos, hicieron que despertara en el corazón del entonces acusado, un profundo sentimiento de amor encarnado en la toga sumarial que lucía en lo alto del estrado, la juez que instruye el caso, su verdugo. Curiosa gentileza del destino la de conceder a un hombre tan macabra desdicha. Desde entonces y desde que ingresó en prisión, escribe una carta cada día, una carta de amor diaria que lejos de pedir clemencia por su vida, las llena de poesía y sentimientos profundos hacia su verdugo.
El joven funcionario escuchaba atónito el amargo relato que el anciano contaba con tristeza.
-¿Por qué no dejar las cartas en su celda? -interpeló el muchacho, con una opresión en su cuello que le dejaba apenas sin aliento. -Cesar en su recogida diaria, son cartas huérfanas, sin respuesta, conozco el reglamento y esta terminantemente prohibido el correo en el pabellón de los condenados, este hombre vive un amor imposible.
El anciano miraba con asombro a su compañero.
-¿Acaso quieres tú adelantar su pena de muerte? -preguntó al joven.
-¿Adelantar yo?... Usted no lo entiende, este pobre desdichado sufre un amor no correspondido y del todo desquiciado, escribe cientos de cartas y ni siquiera tiene una respuesta.
Esta vez el anciano respondió con tranquilidad, una triste sonrisa suavizó sus rasgos cargados de profundas arrugas.
-¿Sin respuesta, dices? Si consultas los archivos de esta penitenciaría hallarás la respuesta. De todos los hombres que han pasado por este pabellón, esta antesala de la muerte, no encontrarás uno solo que haya permanecido más de una semana. Y es él, el único condenado que permanece a la espera de la ejecución de su pena por más de cuatro años.-Sus manos desgastadas y temblorosas desplegaron la carta, con apenas un susurro de voz leyó:
Tengo tiempo sin tenerlo en mi soledad acompañada, soy libre, si libre porque siento, jamás nadie podrá apresar un sentimiento, lo digo bien alto porque es todo cuanto tengo. Quiero decirte que para mi no existe mayor condena que no poder tenerte, pero hoy me he dado cuenta de mi ciego egoísmo y quiero que sepas, amor mío, qué me conformo con sentirte.
El interno número 8.343 es un hombre joven, con apenas cuarenta años, de aspecto desaliñado y pelo completamente blanco, quizás debido a la angustiosa cita que tiene pendiente con una dama, una dama negra que arrancará con su voltaje su último aliento de vida. Sus ojos son tristes, tristes como el paisaje que se divisaba a través de los barrotes de acero de su celda. En su mano derecha sostiene un lápiz sucio y gastado por el continuo roce con las hojas.
En el pabellón de los reos, la jornada comienza a las siete y cuarto de la mañana, cuando una anciano funcionario de prisiones camina despertando uno por uno a todos condenados. Estos varían en número dependiendo de a cuántos de ellos el juez de instrucción haya decretado la ejecución de la pena capital en el día anterior. Mísera y breve es la vida en el pabellón de los condenados.
Hoy el anciano funcionario de prisiones no viene sólo, cerca ya su jubilación, le acompañía un joven heredero de su profesión, al que hace tesorero de los últimos y más mínimos detalles de su recién adquirida ocupación. Poco antes de llegar a la celda del interno mencionado, el anciano se detiene dirigiendo la mirada a su novel compañero.
-¿Ves esta celda vacía? -le pregunta retórica mente, dirigiendo el dedo índice sobre el frío metal de la puerta. El joven afirma vigorosamente, tembloroso, abriendo las pupilas como queriendo engullir con ellas la oscuridad de la celda.
-Aquí -continuó el anciano -no debes golpear estrepitosamente con la porra, como haces con los demás presos para despertarles, límite a llamar suavemente dos veces y espera.
Así lo hizo y al realizar el segundo tope observó cómo se deslizaba una carta por debajo de la puerta, la cogió y se la dio a quien hacía ahora de su maestro.
-¿Qué significa esto? -le interpelado al joven.
El anciano le hizo un gesto con la cabeza indicando que continuarán con el recorrido. Al llegar al final del pasillo junto a unas celdas vacías, le miró a los ojos.
-Me trasladaron a esta penitenciaría como funcionario hace un año y medio, cuando me instruyeron yo pregunté lo mismo, y no me dieron más respuesta que seguir las mismas instrucciones que yo te he dado. Ahora a punto de jubilarme, debo reconocer que intrigado leí algunas cartas y discretamente investigue su paradero. Según cuentan, el hombre que habita este calabozo fue condenado a muerte años atrás, la serie de hechos que rodeaban el juicio, así como lo complicado del mismo, hicieron que el pleito sé alargara más de lo habitual, sucesivas vistas y aplazamientos, hicieron que despertara en el corazón del entonces acusado, un profundo sentimiento de amor encarnado en la toga sumarial que lucía en lo alto del estrado, la juez que instruye el caso, su verdugo. Curiosa gentileza del destino la de conceder a un hombre tan macabra desdicha. Desde entonces y desde que ingresó en prisión, escribe una carta cada día, una carta de amor diaria que lejos de pedir clemencia por su vida, las llena de poesía y sentimientos profundos hacia su verdugo.
El joven funcionario escuchaba atónito el amargo relato que el anciano contaba con tristeza.
-¿Por qué no dejar las cartas en su celda? -interpeló el muchacho, con una opresión en su cuello que le dejaba apenas sin aliento. -Cesar en su recogida diaria, son cartas huérfanas, sin respuesta, conozco el reglamento y esta terminantemente prohibido el correo en el pabellón de los condenados, este hombre vive un amor imposible.
El anciano miraba con asombro a su compañero.
-¿Acaso quieres tú adelantar su pena de muerte? -preguntó al joven.
-¿Adelantar yo?... Usted no lo entiende, este pobre desdichado sufre un amor no correspondido y del todo desquiciado, escribe cientos de cartas y ni siquiera tiene una respuesta.
Esta vez el anciano respondió con tranquilidad, una triste sonrisa suavizó sus rasgos cargados de profundas arrugas.
-¿Sin respuesta, dices? Si consultas los archivos de esta penitenciaría hallarás la respuesta. De todos los hombres que han pasado por este pabellón, esta antesala de la muerte, no encontrarás uno solo que haya permanecido más de una semana. Y es él, el único condenado que permanece a la espera de la ejecución de su pena por más de cuatro años.-Sus manos desgastadas y temblorosas desplegaron la carta, con apenas un susurro de voz leyó:
Tengo tiempo sin tenerlo en mi soledad acompañada, soy libre, si libre porque siento, jamás nadie podrá apresar un sentimiento, lo digo bien alto porque es todo cuanto tengo. Quiero decirte que para mi no existe mayor condena que no poder tenerte, pero hoy me he dado cuenta de mi ciego egoísmo y quiero que sepas, amor mío, qué me conformo con sentirte.
Sunday, June 05, 2005
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